Los olores de los hombres

Los olores de los hombres, cómo no juzgarlos.
Vienen del sobaco, del pecho, de la boca.
Olor a ajo, a aceite, a la cerveza, a vida sobria.
Olor que sorprende, evoca, reconforta
o nos deja indiferentes.

Los olores de los hombres son 
dulcemente ácidos, son agriamente mágicos.
Cuelgan tras de uno o se adelantan sin apuro.
Son aureola, cúpula, jardín de enfrente;
árbol en flor, fruto podrido, hierba, 
estiércol, miel, dulce tierra.

El olor de los hombres es olvido, es dolor:
se multiplica. 
Debajo de los ojos y sin alarde,
bien suave a veces,
de los hombres, su olor se asoma.
Se mezcla como incienso.
El aire es habitación 
del alma.




Publicado en  Sin Fronteras/Writers Without Borders, Journal 8, Las Cruces, NM, EUA 2004